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Sábado, 19 de agosto de 2017
Borges
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JORGE LUIS BORGES - RUDYARD KIPLING


Rudyard Kipling: Relatos

No hay uno solo de los cuentos de este volumen que no sea, a mi parecer, una breve y suficiente obra maestra. Los primeros son ilusoriamente sencillos, los últimos, deliberadamente ambiguos y complejos. No son mejores, son distintos. La puerta de las cien pesares, que data de las mocedades de Kipling, no es inferior a la conmovedora historia del soldado romano, que, sin saberlo y sin proponérselo, se convierte en Jesús. En todos ellos, el autor, con sabia inocencia, narra la fábula como si no acabara de comprenderla y agrega comentarios convencionales para que el lector esté en desacuerdo.

La esencial grandeza de Kipling ha sido oscurecida por algunas circunstancias adversas. Kipling reveló el Imperio Británico a una Inglaterra diferente y quizá un poco hostil. Wells y Shaw, socialistas, miraron con alguna extrañeza a ese imprevisto joven que les mandaba un vago Indostán y que predicaba que el Imperio es el deber y el fardo del hombre blanco. Fatalmente incurrieron en el error de juzgar a ese hombre genial por sus opiniones políticas. Ese mal ejemplo tiene hoy muchos seguidores; es común oír hablar de literatura comprometida.

Rudyard Kipling nació en Bombay, a la que dedicó, hermosamente, su primer libro de poemas, The Seven Seas. Supo el hindi antes de saber el inglés y conservó, casi hasta el fin, la capacidad de pensar en ambos idiomas. Un sij me dijo que era evidente que el relato Una guerra de "sahibs" "había sido concebido en la lengua vernácula y traducido luego al inglés. Kipling profesó siempre el culto de Francia, que lo recuerda ahora con más devoción que su Inglaterra. En la escuela le impusieron el estudio del latín. Empezó por odiar a Horacio, que tenía que aprender de memoria; años después Horacio lo ayudaría a sobrellevar las largas noches del insomnio. Rodeado por la fama, Kipling fue siempre un  hombre distante y solitario. Su autobiografía Something of Myself es fiel a su título: nos dice apenas algo, no mucho. No hay una sola confidencia de las que el psicoanálisis busca; esa reserva, propia de un hombre reticente, hace que lo conozcamos mejor. Su hijo mayor murió en la Primera Guerra Mundial. Era uno de los cien mil voluntarios que Inglaterra envió a Franda. Kipling lloró su muerte en un texto que se refiere a Roma. Una obra tan diversa presupone muchas dichas y muchos pesares que no sabremos nunca y que no debemos
saber.

A la par de Hugo, Kiplíng dibujaba muy bien; una prueba de ello son las ilustraciones en tinta china de sus Just So, Stories.

George Moore dijo que Kipling era, después de Shakespeare, el único autor inglés que escribía con todo el diccionario Sabía administrar sin pedantería esa profusión léxica. Cada línea ha sido sopesada y limada con lenta probidad. Sus primeros temas fueron el mar, los animales, los aventureros y los soldados; los últimos, las enfermedades y la venganza.

Kipling murió en 1936 después de una segunda operación de cáncer. Una de sus últimas obras fue un Himno al dolor físico, "que hace que el alma. olvide sus otros infiernos". A lo largo de mi larga vida habré leído y releído un centenar de veces las piezas elegidas aquí.

Prólogos con un prólogo de prólogos / Jorge Luis Borges. - Madrid: Alianza, 1998. -  270 p.; 18 cm. -  (El libro de bolsillo. Biblioteca de autor; 14) (Biblioteca Borges).

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